Monday, August 31, 2009

Reflexiones Kounellis


“¿Cuál es el motivo por el que hablamos?”

Esta es una pregunta planteada por Jannis durante el taller en Villa Iris, es la pregunta que me acompañó durante el taller y es la pregunta que me sigue en ocasiones como una sombra, es la pregunta que siempre me queda difícil de responder, es la pregunta que a veces eludo y que a veces encaro, siempre que me pregunto: ¿Qué me anima a hacer las cosas que hago y hacia dónde me quiero dirigir con ello? Son las preguntas que creo nos acompañan a muchos y las que revelan de cierta forma nuestra manera de estar en el mundo.

Este cuestionamiento me hace pensar en las actitudes que se asumen frente a la vida, me gustaría que cada minuto que pasara fuera una respuesta a ese interrogante, con mis pensamientos, mis palabras y mis acciones, si asumo que cada pensamiento, cada palabra y cada acción es un gesto que debería ser la expresión de una necesidad interior, profunda y honesta.

¿Cuál es pues la necesidad por la que hablo, por la que pinto, o por la que lanzo una piedra contra la pared?, La respuesta no es clara, me es revelada tan solo como una intuición, otras veces es confusa y otras influenciada por algún pensamiento. ¿Son los objetos que hacemos una respuesta a estas necesidades?, ¿es la imagen una necesidad? ¿No sería la imagen un puente entre lo invisible y lo visible? O bien me pregunto, ¿la necesidad de las imágenes no sería más bien una forma de traer al mundo visible una imagen perdida o arruinada del ser humano? Según Huberman: “ya se trataba de eso en la Edad Media, por ejemplo, cuando los teólogos sintieron la necesidad de distinguir del concepto de imagen (imago) el de vestigium: el vestigio, la huella, la ruina. Con ello intentaban explicar de qué manera lo que es visible ante nosotros, alrededor nuestro – la naturaleza, los cuerpos -, no debería verse sino como lo que lleva la huella de una semejanza perdida, arruinada, la semejanza con Dios perdida en el pecado.

Si los objetos y cuerpos los vemos como la huella de una desaparición, ante el vacío y ante la angustia que suscita esta imagen se contrapone el deseo de ser llenado con “algo”: un objeto o una creencia. La necesidad del arte o el motivo del artista, o bien, la necesidad interior, vendrían a ser formas y medios para exorcizar esos miedos haciéndolos visibles, para calmar la angustia que suscita la idea de desaparición, es como una petición que hacemos para no morir…“pero la necesidad de morir está implícita en la ley que separa. Pedimos lo imposible, el deseo quiere lo imposible, luego, estamos abandonados, y hacemos obra de este abandono. La obra es un imposible realizado, como si el deseo pudiera realizarse (…)” según Lyotard.

El taller me interrogó mucho sobre los materiales y el sentido que éstos le pueden dar a la lectura de un trabajo, entre las relaciones y posibilidades que podemos establecer con él se ubica la manera como el cuerpo se empeña y apropia del lugar. Puesto que no existía un tema en particular, predominó la percepción de vacío y la angustia que suponía hacerlo visible.

Algún autor decía al referirse al dilema de algunos artistas para abordar el tema de la obra de arte que, este no tenía nada que ver con una historia personal, una tragedia, la soledad, o la muerte de un ser querido… sino los mismos objetos y la ausencia de la que hablan: la ausencia de Dios, la ausencia del mundo, el vacío metafísico… el tema de la obra era, según él…la nada.


Juan Carlos Dávila

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